II
La noche que fue ayer fue de la magia. En la noche hay tambores, y los
animales duermen con el olfato abierto como un ojo. No hay nadie en el
aire. Las hojas y las plumas se reúnen en las ramas, en el
suelo, y alguien las mueve a veces, y callan. Trapos negros, voces
negras, espesos y negros silencios, flotan, se arrastran, y la tierra
se pone su rostro negro y hace gestos a las estrellas. Cuando pasa el
miedo junto a ellos, los corazones golpean fuerte, fuerte, y los ojos
advierten que las cosas se mueven eternamente en su mismo lugar. Nadie
puede dar un paso en la noche. El que entra con los ojos abiertos en la
espesura de la noche, se pierde, es asaltado por la sombra, y nunca se
sabrá nada de él, como de aquellos que el mar ha
recogido.
-Eva, le dijo a Adán, despacio, no nos
separemos.