XI
Me duele el cuerpo, me arden los ojos, parece que estuviera
quemándome. Mi agua está hirviendo dentro de mí. Y
un viento frío bajo mi piel anda aprisa, frío, y
termina empujándome la quijada hacia arriba con golpes
menudos e incesantes.
Estoy ardiendo, no puedo ni moverme. Estoy
débil, con dolor, con miedo. Eva no ha dormido, está
asustada, me ha puesto hojas en la frente. Cuando me puse a
hablar anoche se me echó encima y se restregó conmigo y
quería callarme. Así se estuvo y tenía los ojos
mojados como mi espalda. Le dije que sus ojos también me
dolían y ella los cerró contra mi boca.
Ahora tengo sed, estoy golpeado y seco. Me duele,
tengo la cabeza podrida. No hay una parte mía que no esté
peleando con otra. Quiero cerrar mis manos ¡Qué diferente
de mí es todo esto!
Esto es ser otro, otro Adán. Está
pasando a través de mí y me duele.
Me gustaría estar rodeado de piedras
calientes.
El otro día me gustó un árbol,
lo derribé. Caía con ruido quebrándose,
cayéndose. Así estoy sonando, así, hacia abajo,
apretado, derrumbado, sonando.