XIII
Eva ya no está, de un momento a otro dejó de hablar. Se
quedó quieta y dura. En un principio pensé que
dormía. Más tarde la toqué y no tenía
calor. La moví, le hablé. La dejé ahí
tirada.
Pasaron varios días y no se levantó.
Empezó a oler mal. Se estaba pudriendo como la fruta, y
tenía moscas y hormigas. Estaba muy fea.
La arrastré afuera y le puse bastante paja
encima. Diariamente iba a ver como estaba. Hasta que me cansé y
la llevé más lejos. Nunca volvió a hablar. Era
como una rama seca.
No sirve para nada, no hace nada. Poco a poco se la
come la tierra. Allí está.
Se la come el sol, no me gusta. No se levanta, no
habla, no retoña.
Yo la he estado mirando. Es inútil. Cada vez
es menos, pesa menos, se acaba.