LENTO, AMARGO ANIMAL.

que soy, que he sido,
amargo desde el nudo de polvo y agua y viento
que en la primera generación del hombre pedía a Dios.

Amargo como esos minerales amargos
que en las noches de exacta soledad
-maldita y arruinada soledad
sin no mismo-
trepan a la garganta
y, costras de silencio,
asfixia, matan, resucitan.

Amargo como esa voz amaga
prenatal, presubstancial, que dijo
nuestra palabra, que anduvo nuestro camino
que murió nuestra muerte,
y que en todo descubrimos.

Amargo desde dentro,
desde lo que no soy,
-mi piel como mi lengua-
desde el primer viviente,
anuncio y profecía.

Lento desde hace siglos,
remoto –nada hay detrás-,
lejano, lejos, desconocido.

Lento, amargo animal
que soy, que he sido.