Hormiga
La hormiga no presta, porque prestar es cosa
de avaros: da sin contar y no recoge nunca. Nada es suyo, ni aun lo que
tiene en su cuerpo. Casi no piensa en comer. Vive de no se sabe
qué, del aire, de la electricidad dispersa, de emanaciones o de
efluvios. Obligala a ayunar durante varias semanas entre la escaloya de
un hormiguero artificial, y sólo con que mantengas un poco de
humedad, no pedecerá, tan activa como si sus bodegas estuviesen
llenas. Una gota de rocío sacia su estómago particular;
todo lo que rebusca y acopia sin descanso, con riesgo de su vida,
sólo está destinado al buche colectivo, al
insaciable saco de la comunidad: a los huevos, a las larvas, a las
ninfas, a las compañeras y hasta a las enemigas. No es
más que un órgano caritativo. Trabajadora tenaz,
ascética, casta, virgen, neutra, es decir sin sexo, no disfruta
más satisfacción que la de ofrecer a quien quiera tomarlo
todo el fruto de sus trabajos. La regurgitación debe ser para
ella un acto tan delicioso como lo es para nosotros paladear los platos
y los vinos más extraños. Parece evidente que la
Naturaleza les ha incorporado voluptuosidades análogas a las del
amor, que les está vedado. La hormiga, al regurgitar,
según lo hace notar Augusto Forel, con las antenas echadas hacia
atrás, adopta una actitud extáctica y, visiblemente,
experimenta mayor placer que la que se atraca de miel. Por otra parte,
en la mayoría de los hormigueros, la regurgitación es,
por decirlo así, incesante y sólo se interrumpe para
trabajar, para atender a la proble, para descansar o por la guerra.Maurice Maeterlinck, La Vida de las Hormigas
Editorial LA PRENSA, México 1974j




Primer Axioma del Mtro. Jaime Sabines