Jaime Sabines

Hormiga

Libro la vida de las hormigasLa hormiga no presta, porque prestar es cosa de avaros: da sin contar y no recoge nunca. Nada es suyo, ni aun lo que tiene en su cuerpo. Casi no piensa en comer. Vive de no se sabe qué, del aire, de la electricidad dispersa, de emanaciones o de efluvios. Obligala a ayunar durante varias semanas entre la escaloya de un hormiguero artificial, y sólo con que mantengas un poco de humedad, no pedecerá, tan activa como si sus bodegas estuviesen llenas. Una gota de rocío sacia su estómago particular; todo lo que rebusca y acopia sin descanso, con riesgo de su vida, sólo está destinado al  buche colectivo, al insaciable saco de la comunidad: a los huevos, a las larvas, a las ninfas, a las compañeras y hasta a las enemigas. No es más que un órgano caritativo. Trabajadora tenaz, ascética, casta, virgen, neutra, es decir sin sexo, no disfruta más satisfacción que la de ofrecer a quien quiera tomarlo todo el fruto de sus trabajos. La regurgitación debe ser para ella un acto tan delicioso como lo es para nosotros paladear los platos y los vinos más extraños. Parece evidente que la Naturaleza les ha incorporado voluptuosidades análogas a las del amor, que les está vedado. La hormiga, al regurgitar, según lo hace notar Augusto Forel, con las antenas echadas hacia atrás, adopta una actitud extáctica y, visiblemente, experimenta mayor placer que la que se atraca de miel. Por otra parte, en la mayoría de los hormigueros, la regurgitación es, por decirlo así, incesante y sólo se interrumpe para trabajar, para atender a la proble, para descansar o por la guerra.

Maurice Maeterlinck, La Vida de las Hormigas
Editorial LA PRENSA, México 1974j